Los adaptógenos son compuestos naturales, generalmente presentes en ciertas plantas, hierbas y hongos, que ayudan al organismo a adaptarse al estrés físico, emocional y ambiental, equilibrando la salud física y mental.
Los adaptógenos son sustancias naturales, principalmente hierbas y raíces, que han sido utilizadas durante siglos en la medicina tradicional para ayudar al cuerpo a adaptarse al estrés y mantener el equilibrio interno.
En los últimos años, han ganado popularidad por su potencial para mejorar tanto la salud física como mental, ya que actúan regulando el sistema nervioso y fortaleciendo la respuesta del organismo frente a situaciones estresantes.
Actualmente la ciencia a través de investigaciones sugieren que los adaptógenos pueden aumentar la energía, mejorar el estado de ánimo, reforzar el sistema inmunológico y favorecer el rendimiento cognitivo, convirtiéndose en aliados valiosos para enfrentar los desafíos de la vida moderna.
“El término adaptógeno fue acuñado por el científico Israel Itskovich Brekhman. Los adaptógenos son capaces de incrementar la resistencia no-específica del organismo frente a una variedad de agentes estresantes, con la excepción de microorganismos causantes de infecciones bacterianas y virales.
“Puntualmente, los adaptógenos son capaces de aumentar la resistencia a factores químicos (distintas drogas, sustancias presentes en el aire), físicos (hipo e hipertermia, ruidos, ondas, radiaciones, gran esfuerzo físico, etcétera) y biológicos (nutrición inadecuada). En otras palabras, los adaptógenos aumentan el nivel de adaptación fisiológica favoreciendo una rápida movilización de la energía corporal y de las reservas energéticas bajo condiciones extremas. También favorecen una rápida recuperación de éstas tras situaciones de estrés”, indica el estudio “Los Adaptógenos: una ventana al futuro”.
De acuerdo a la definición de adaptógeno, este debe tener tres características. El primer aspecto es que tenga una toxicidad baja. Debe ser una sustancia inocua y causar mínimos desórdenes en las funciones fisiológicas del organismo. Los resultados, tanto de estudios realizados en animales, como de los numerosos estudios realizados en humanos, demuestran claramente que los extractos adaptogénicos poseen naturaleza inocua.
El segundo aspecto de un adaptógeno es su acción no específica. Se han utilizado numerosos modelos animales para evaluar la acción de los adaptógenos en la respuesta bajo distintas condiciones de estrés, como calor y frío, ejercicio intenso, nadar hasta el agotamiento, inmovilización y otras.
La habilidad de los extractos de adaptógenos para modular este tipo de estrés (artificialmente inducido por distintas condiciones, en distintas especies, animales), es suficiente para avalar la naturaleza no específica de la acción adaptogénica de estas plantas.
También se han realizado estudios en personas estresadas, incluyendo diversas condiciones: discriminación al color, audición, alerta mental, cinetosis (mareo al movimiento), y ejercicio físico. La habilidad de mejorar el rendimiento humano bajo una amplia gama de situaciones nos da una excelente prueba sobre la actividad de los adaptógenos.
La tercera característica de un adaptógeno es su acción normalizadora independiente de la dirección de cambios de la normalidad fisiológica. Existen muchos estudios que avalan el efecto de los adaptógenos en inhibir o modular un proceso de enfermedad, como arteriosclerosis, pielonefritis, hipertensión, lesiones cardíacas reumáticas, neumoconiosis, hipotensión y arritmias, explica el mismo artículo científico.
De acuerdo con la Universidad Internacional de Valencia, “aunque la mayoría de los alimentos que consumimos hoy en día forman parte de nuestra dieta desde hace mucho tiempo, de vez en cuando se popularizan algunos que habían conseguido pasar desapercibidos para el gran público. El último fenómeno en cuanto a nutrición son los alimentos adaptógenos”.
“Comer plantas y raíces ha sido una constante en la historia de la humanidad. De hecho, los tubérculos forman parte fundamental de la alimentación de las poblaciones en gran parte del mundo.
“Los adaptógenos son precisamente raíces y plantas, como la maca o el gingseng, que han llegado hasta nosotros a través de la medicina tradicional china, donde se vienen usando desde hace miles de años”, indica el artículo de la Universidad Internacional de Valencia.
Si estos alimentos han conseguido llamar la atención de los científicos actuales es porque pueden ser una buena alternativa en un entorno en el que el clima está cambiando. Y es que estas raíces y plantas tienen la cualidad de crecer incluso en entornos especialmente complicados, convirtiéndose, por ello, en una opción a tener muy en cuenta de cara al futuro.
A medida que el cambio climático se haga más evidente y la subida de las temperaturas y las sequías dificulten otros cultivos, los alimentos adaptógenos comenzarán a ser importantes protagonistas en la dieta diaria.
Cinco ejemplos de alimentos de este tipo, son:
Ashwagandha.
Ginseng.
Maca.
Rodiola.
Hongo Reishi.
Sin embargo, no toda planta o raíz puede ser considerada adaptógeno, para ello debe cumplir los siguientes requisitos:
Ser inocua para las personas, es decir, que se pueda comer sin posibilidad de sufrir una intoxicación u otro tipo de daño.
Que tenga un efecto positivo sobre el organismo.
Que aumente la resistencia frente a factores estresantes físicos, químicos o biológicos.
Que actúe como estabilizador, explica el documento de la Universidad de Valencia, España.
Los adaptógenos aumentan el nivel de adaptación fisiológica favoreciendo una rápida movilización de la energía corporal y una rápida recuperación de éstas tras situaciones de estrés.
El mecanismo de acción de los adaptógenos continúa en estudio, y muchas investigaciones experimentales parecen sugerir que la principal acción sería sobre el sistema nervioso central y endocrino. En general, todas las sustancias adaptogénicas tienen una toxicidad muy baja y constituyen una alternativa natural para el estrés físico y emocional.
A diferencia de los estimulantes, los adaptógenos no fuerzan una respuesta concreta, sino que modulan las funciones del cuerpo según sus necesidades.
“Varios estudios farmacológicos y clínicos realizados con sustancias adaptógenas, han demostrado que, gracias a su acción moduladora de la respuesta al estrés, de su capacidad de aumentar la resistencia, la capacidad de adaptación y la supervivencia del organismo y su acción antioxidante, pueden tener los siguientes efectos: restaurar y mejorar la energía física y mental, compensar los efectos de la privación del sueño, proteger el cerebro y el sistema nervioso, y aliviar la ansiedad y la depresión leve”, explica la Sociedad Española de Fitoterapia.
Los adaptógenos representan una herramienta natural y efectiva para apoyar el equilibrio del cuerpo frente al estrés y mejorar el bienestar general. Su capacidad para modular la respuesta del organismo sin generar dependencia ni efectos secundarios significativos los convierte en una opción atractiva dentro de los procesos integrales de salud.