Las enfermedades metabólicas son un grupo de trastornos que afectan el metabolismo, que es el proceso mediante el cual el cuerpo convierte los alimentos que comemos en energía. Este proceso involucra una serie de reacciones químicas complejas en las células del cuerpo, y si alguna de estas reacciones no funciona correctamente debido a un defecto genético o a una alteración en las enzimas que facilitan estas reacciones, pueden surgir problemas de salud.
“Las enfermedades metabólicas son consecuencia de una combinación de factores genéticos, fisiológicos, ambientales y de comportamiento”, indica informe Enfermedades metabólicas: las epidemias del siglo XXl.
Dentro de las enfermedades metabólicas se encuentra la obesidad, la cual es considerada una epidemia global que afecta a bebés, niños y adultos. “La prevalencia mundial de la obesidad casi se ha duplicado en las últimas tres décadas. Por primera vez en todo el mundo, el número de personas obesas y con sobrepeso es mayor que el número de personas con bajo peso. Este dramático aumento en la tasa de obesidad abdominal se ha observado tanto en países desarrollados como en desarrollo”, indica el estudio Sustancias químicas que interrumpen el metabolismo y trastornos metabólicos.
La obesidad entre niños y adolescentes ha aumentado de manera similar. “También hay una epidemia de obesidad entre los bebés de seis meses de edad y menores; un grupo de edad donde las elecciones alimentarias y la actividad física limitada no pueden explicar este resultado”.
La obesidad también está asociada con enfermedades neurodegenerativas, cánceres y apnea obstructiva del sueño. Por lo tanto, determinar los factores que contribuyen a la obesidad se ha convertido en un importante problema de salud pública.
La Asociación Americana de Diabetes (ADA) define la Diabetes Mellitus (DM) como un grupo de enfermedades metabólicas caracterizadas por hiperglucemia resultantes de defectos en la secreción de insulina, la acción de la insulina o ambas.
La DM puede ser el resultado de un deterioro de la función y/o una pérdida de masa del tejido pancreático]. La T2D (anteriormente conocida como diabetes de inicio en adultos o no insulina dependiente o DM) representa entre 90 y 95 por ciento de los casos de diabetes y se caracteriza por un aumento de la resistencia a la insulina y disfunción de las células beta pancreáticas.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que el número de personas que viven con diabetes pasó de 200 millones en 1990 a 830 millones en 2022. La obesidad es el principal factor ambiental que impulsa el aumento de la incidencia de T2D; el 70 por ciento del riesgo asociado con T2D está relacionado con el aumento de peso.
El hígado es el órgano central para el metabolismo de los lípidos. La enfermedad del hígado graso no alcohólico (NAFLD), caracterizada por un exceso de acumulación de triglicéridos dentro de los hepatocitos, o esteatosis, es considerada por algunos como la manifestación hepática de la obesidad.
La NAFLD es la enfermedad hepática más común, y afecta a 25 por ciento de la población mundial y a casi 8 por ciento de los niños, de acuerdo con el mismo estudio. Inicialmente se pensó que la NAFLD ocurría predominantemente en mujeres, pero cada vez más evidencia indica que los hombres y tal vez las mujeres posmenopáusicas son más susceptibles a la NAFLD.
La hiperlipidemia es una elevación de los triglicéridos en sangre (hipertrigliceridemia), colesterol (hipercolesterolemia), fosfolípidos o una combinación de los mismos. Si bien existe una asociación entre la NAFLD y la hiperlipidemia, no todos los consultantes con un trastorno se ven afectados por el otro.
La Federación Internacional de Diabetes estima que entre 20 y 25 por ciento de la población adulta mundial tiene MetS, que define como: "un grupo de los factores de riesgo de ataque cardíaco más peligrosos: diabetes y prediabetes, obesidad abdominal, colesterol alto y presión arterial alta”, según el mismo estudio de Sustancias químicas que interrumpen el metabolismo y trastornos metabólicos.
Aunque todavía hay un debate sustancial, es probable que los componentes de MetS surjan de la resistencia a la insulina. “Cuando se produce resistencia a la insulina, hay un aumento de la glucosa en ayunas y una alteración de la tolerancia a la glucosa, a menudo debido a la expresión anormal de las enzimas gluconeogénicas.
Este estado metabólico induce una mayor liberación de insulina, lo que finalmente resulta en hiperinsulinemia. La hiperinsulinemia luego simula factores de transcripción como Srebp-1c en el hígado, que impulsan la hipertrigliceridemia y la esteatosis hepática. Además, “la sobreproducción y secreción de insulina por las células β pancreáticas puede resultar en su agotamiento y muerte, llegando el inicio de T2D. La forma más prevalente de resistencia a la insulina está asociada con la obesidad abdominal y la disfunción del tejido adiposo, lo que indica un papel central importante para la obesidad en MetS”.
Comportamientos de riesgo: el consumo de tabaco y alcohol, la inactividad física y la alta ingesta de alimentos poco saludables por su fácil acceso.
Propensión genética a desarrollar hipertensión arterial, niveles elevados de azúcar y grasa en sangre, sobrepeso y obesidad.
Factores de riesgo ambientales: principalmente la contaminación atmosférica, la contaminación lumínica, los aditivos alimentarios, así como otros compuestos químicos que llegan a la alimentación cuya contribución a las alteraciones metabólicas que puedan causar obesidad e hiperglucemia no se han evaluado convenientemente.
“A estos factores de riesgo hay que sumar deficiencias en las medidas de prevención, en la detección precoz, en el acceso a terapia y en la atención a las personas que sufren estas enfermedades”, indica el informe.
Actualmente, se considera que las enfermedades metabólicas “son una epidemia con consecuencias devastadoras para las personas, para sus familias y sus comunidades, y constituyen una amenaza para los sistemas de salud por el riesgo de saturación y los costes socioeconómicos. La prevención, la lucha contra los factores de riesgo, la atención a las personas y la vigilancia de estas enfermedades son un imperativo primordial para el siglo XXl”, añade el estudio.
Las enfermedades metabólicas están íntimamente asociadas a alteraciones en el balance energético del organismo. En su conjunto, la cantidad de energía disponible en nuestro cuerpo es un balance entre la ingesta y el consumo (gasto) de nutrientes, y es necesario un equilibrio para que nuestro cuerpo se mantenga saludable, señala el mismo documento.
"Un déficit en la ingesta puede conducir a un estado de desnutrición, mientras que un exceso puede causar sobrepeso y obesidad, dando lugar a la aparición de enfermedades metabólicas. El gasto energético depende de factores como la genética, la edad y la actividad física de la persona".
En México, las enfermedades metabólicas más frecuentes son la obesidad, la diabetes mellitus y las dislipidemias, con una prevalencia de 36.1 por ciento, 10.3 por ciento y 19.5 por ciento respectivamente, ocasionadas principalmente por el estilo de vida; factores culturales y económicos; así como la genética, de acuerdo con la doctora Iris Monserrat Llamas Covarrubias, en la cátedra "Polimorfismos relacionados con enfermedades metabólicas en población mexicana”, de la Universidad de Guadalajara.
En la comunidad médica, las epidemias de enfermedades metabólicas se han atribuido en gran medida a antecedentes genéticos y a los cambios en la dieta, el ejercicio y el envejecimiento.
“Las recientes epidemias de enfermedades metabólicas, obesidad, diabetes tipo 2 (T2D), trastornos lípidos hepáticos y síndrome metabólico se han atribuido en gran medida a antecedentes genéticos y cambios en la dieta, el ejercicio y el envejecimiento. Sin embargo, ahora hay pruebas considerables de que otros factores ambientales pueden contribuir al rápido aumento de la incidencia de estas enfermedades metabólicas”, señala el estudio Sustancias químicas que interrumpen el metabolismo y trastornos metabólicos.
El diagnóstico temprano y la terapia adecuada son clave para el manejo de las enfermedades metabólicas. Este tipo de afectaciones dañan la forma en que el cuerpo procesa los nutrientes y la energía, y pueden causar una amplia variedad de problemas de salud si no se tratan adecuadamente.